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Conseguir una ayuda pública puede ser un impulso clave y decisivo para cualquier empresa, ya que muchas ven en estos programas una oportunidad para modernizar sus instalaciones, digitalizar procesos o desarrollar nuevos productos con la seguridad y motivación extra que otorga la concesión de estos incentivos.
No obstante, el proceso de solicitud no es tan sencillo como pudiera parecer en un principio, ya que esconde varias “trampas” que, si no se conocen o atienden adecuadamente, pueden convertirse en un factor crucial que conduzca a la desestimación del expediente. Muchos proyectos con gran potencial quedan fuera de estos apoyos financieros por errores formales o estratégicos que pueden evitarse fácilmente con una buena planificación.
Es por ello que en este post vamos a repasar los errores más frecuentes que detectamos en nuestro trabajo diario asesorando a empresas en la gestión de estas ayudas y sus proyectos, comentando algunos ejemplos y sumando consejos prácticos para prevenirlos.
Uno de los fallos más recurrentes en las solicitudes de ayudas públicas es presentar documentación incorrecta, incompleta o fuera de plazo. Puede parecer un detalle menor o sin importancia, pero en convocatorias muy competitivas, especialmente aquellas de concurrencia simple, en las que se van evaluando proyectos en base al orden de entrada en el registro, un documento mal identificado o la ausencia de un justificante puede bloquear la tramitación completa del expediente.
Esto puede ocurrir de dos formas:
Por ejemplo, algunos errores frecuentes son:
Estos fallos pueden derivar en requerimientos, demoras o incluso desestimaciones.
Para evitarlo, hay dos medidas sencillas pero muy efectivas:
Ambas acciones facilitan la preparación de la documentación solicitada y ayudan a garantizar la correcta presentación de la solicitud en cuestión.
Este es un error técnico clásico y fácil de cometer, especialmente en programas como los del CDTI, Centro para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación, o las ayudas regionales a la innovación. Muchas empresas, debido al desconocimiento sobre este ámbito, tienden a etiquetar como “I+D” cualquier mejora de producto o proceso, cuando en realidad la frontera entre investigación, desarrollo e innovación está claramente definida en la normativa europea y marca límites claros entre la I+D y su hermana, la “i pequeña”.
En esencia, la diferencia principal es la siguiente:
Si una empresa confunde estas categorías, la solicitud de ayuda desembocará irremediablemente en una desestimación del proyecto por falta de adecuación al objeto de la ayuda.
Un tip muy útil consiste en realizar, antes de redactar la memoria técnica, una revisión objetiva del TRL, o nivel de madurez tecnológica, del proyecto. Esto permite comprobar en qué punto nos encontramos y asegurar que la línea de ayuda a la que estamos aplicando es realmente la adecuada.
Este, sin lugar a dudas, es uno de los motivos de exclusión más graves y comunes y, sin embargo, uno de los más fáciles de evitar. En líneas generales, la mayoría de las ayudas públicas a la I+D+i o incentivos de esta índole, salvo aquellas que poseen carácter retroactivo, suelen exigir el cumplimiento del efecto incentivador. Dicho de otro modo, la empresa no debe haber iniciado el proyecto antes de presentar la solicitud a la convocatoria.
Llevado al terreno práctico, esto significa que no pueden existir documentos o compromisos con fecha anterior a la presentación de la solicitud en el organismo, como por ejemplo:
Lo que buscan los organismos con esta medida es garantizar que el proyecto nace como consecuencia de la ayuda y no como una inversión ya planificada previamente.
Lo que buscan los organismos con esta medida es garantizar que el proyecto nace como consecuencia de la ayuda y no como una inversión ya planificada previamente.
Para evitar incumplir este punto, así como contribuir a defenderlo, conviene conservar correos, presupuestos y documentos fechados que evidencien el momento real de inicio de las actividades.
Es cierto que, dependiendo de la convocatoria objeto de estudio, pueden existir algunos gastos exentos de este requisito, como podrían ser:
No obstante, en líneas generales, un error de calendario puede suponer la pérdida del 100% de la financiación, al tratarse de un factor que se considera que afecta a todo el proyecto en su conjunto.
Sin excepción, sea cual sea la convocatoria o línea de ayuda que se quiera solicitar, el presupuesto de un proyecto de I+D+i debe cumplir con tres aspectos esenciales:
Después de haber participado en multitud de proyectos, con una gran variedad de empresas de diversos sectores, es muy común encontrar presupuestos iniciales en los cuales se incluyen partidas sobredimensionadas, especialmente en el gasto de personal, o mal justificadas, sin una aclaración que explique el porqué de ese importe o coste. Esto genera dudas en los evaluadores sobre la credibilidad del proyecto y puede producir “recortes” en el presupuesto.
Con el fin de evitar este error de presentación, la clave reside en que cada coste debe estar alineado con una tarea o actividad concreta de la memoria:
Además de lo anterior, es necesario que los presupuestos de terceros sean comparables y razonables dentro del mercado, evitando incurrir en gastos genéricos o de carácter más comercial.
Una buena trazabilidad entre lo técnico y lo económico transmite profesionalidad y mejora la puntuación y solidez de cualquier expediente.
Como se puede deducir a partir de los puntos anteriormente comentados, las ayudas públicas requieren tiempo, coordinación y previsión para plantear apropiadamente el proyecto que se va a llevar a cabo. En línea con este punto, uno de los errores más frecuentes es subestimar los plazos administrativos, tanto en la preparación de la solicitud como en las posteriores fases de ejecución, justificación y auditoría, las cuales ameritan su propio post aparte.
Por lo general, las empresas, y en especial las pymes industriales, suelen tener su equipo enfocado en el día a día del negocio y tienden a posponer la recopilación de documentación o a dejar la redacción de la memoria para última hora. Esto, en la mayoría de los casos, provoca que la solicitud se presente incompleta o sin revisar, lo cual reduce considerablemente sus probabilidades de éxito, ya que facilita en mayor medida:
La clave para evitar esto puede ser tan simple como planificar el proceso con una hoja de ruta que contenga tres fases claras:
Trabajar con un calendario definido y con apoyo especializado ahorra muchos imprevistos, evita errores básicos y, lo más importante, aporta tranquilidad y seguridad a todo el proceso.
Solicitar una ayuda pública no debería ser un ejercicio de prueba y error ni sentirse como una carrera contrarreloj. En lo que a trabajar una solicitud de ayuda se refiere, el éxito depende, sobre todo, de una buena preparación, un diagnóstico técnico preciso y un acompañamiento experto.
Y aquí es donde entramos nosotros, ya que en Leyton llevamos años trabajando con empresas y ayudándolas a transformar sus ideas, inversiones e innovaciones en proyectos financiables, asegurando la correcta clasificación del proyecto, garantizando la documentación técnica precisa y ofreciendo una estrategia de presentación alineada a la convocatoria más favorable e interesante en todos los sentidos.
Si estás pensando en emprender un nuevo desarrollo o inversión tecnológica, o simplemente te gustaría conocer qué programas se ajustarían mejor a las necesidades de tu empresa, te invitamos a contactar con nosotros. Nuestro equipo de expertos en financiación pública y fiscalidad de la I+D+i estará encantado de atenderte y orientarte, sin ningún compromiso, sobre las diferentes opciones disponibles que pueden impulsar el crecimiento y competitividad de tu negocio.
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